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Renuncio


Renuncio.
Renuncio a la utopía, a los ideales inalcanzables, a los sueños.
No para abandonar sus metas, sino para hacerlas mías
¿Qué objetivo podría uno alcanzar si le llama "utopía"?
No.
Mis sueños no serán sueños, serán realidades de mi imaginación
y mi imaginación y mis anhelos serán materia y realidad.

Renuncio a los pájaros que no sienten sus alas,
renuncio a mis alas si no saben volar.
Renuncio a la verdad, cuando se muestra muy pulcra
Sospecho de ella cuando no se encuentra un matiz de la mentira

Renuncio a los cielos que no son azules
y al mar sin espumas blancas
y a los mansos, y a los mansos ríos
y al mar muerto
y al espanto
de las primaveras que se rehúsan a volver.

Renuncio a las lluvias que no mojan
por temor a que los paraguas se enfaden
Renuncio al silencio en los cementerios
Renuncio a los perros que nunca muerden
Sobre todo renuncio a los caniches
y a los hombres que son como caniches: falderos

Me quedo con los lobos
porque escriben en el aire poemas a la luna
Renuncio a que las vacunas contra el hambre
aún no fueron inventadas, y a la de la soberbia
y la avaricia y la estupidez humana
Sobre todo esta última que es la madre de las otras.

Renuncio a los que acumulan cosas
para que al final los gusanos le digan a su cadáver: "Señor"
Renuncio a la felicidad porque al menos aquí no existe
Me quedo con una colección desaforada de momentos
de caricias, de besos, de polvos, de tequieros,
de amigos, de excesos, de tequilas, de boleros,
de poemas, de tangos... en fin de atracar el alma de marinero
en cada puerto de placer que no nos mate

Renuncio a la belleza
que sólo se mira con los ojos de la cara
Renuncio a las guerras que no sean
para matar a los idiotas importantes,
a los saboteadores que hacen que el mundo no funcione

Renuncio a las cajas bobas y a los millones de conejitos
renuncio a las modas, a los malos modos, y a los moros
que espían desde la costa
sin atreverse a comprarse una vida
Renuncio a los famosos con carné de boludos
esos catedráticos que venden pedos de colores flúo por la tele
Renuncio a las botineras porque salen muy caras

Renuncio a los gobernantes que gobiernan cómo hacerse
más ricos con el pueblo, mientras los amansan con pan duro,
y con ignorancia crónica alimentan la ubre eterna
que sangra pobreza pero que los alimenta a ellos como sanguijuelas

Renuncio a la violencia,
a las prisas que se apuran por llegar a ningún lado
a los derechos inhumanos para ciudadanos
a la justicia ciega operada de sus córneas
a los jueces que "interpretan" la ley como los teólogos la biblia

Protesto ante el altar de Enrique Santos
que condenó la vigésima centuria
aunque poco nos habló de estas penurias
de cambalache del dosmil también

Abdico de creer que los males son eternos
que siempre nos matarán los sueños
en el útero de la esperanza

Renuncio, protesto, abdico y pienso
que nada puede ser tan malo cuando siento
cuando río, cuando invento el mundo cada día

Pero renuncio en forma indeclinable
si unos ojos no deciden posarse en los míos
si una sonrísa no convierte la mera mueca en poesía
si unas lágrimas no lloran de alegría
o de tristeza, de emoción o de dolor

No me pidan que renuncie a los placeres, al amor,
a esperar que llegue el fin de cada día
y a estrenar cada noche un corazón

Sergio W

1 huevos dejados:

Mariana Cecilia dijo...

Profundo, cierto y delicioso poema.

Una invocación poética de alcance sublime, un verdadero universo de sentidos.

Cuando uno conoce tu poesía, querido Sergio, no puede menos que maravillarse con las imágenes y la fuerza que ella tiene.

En mi corazón tenés una puerta, un puerto para quedarte y/o encallar.

¡Mil besos de luna llena!

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"...y me encontré a mitad del tiempo sobrevolando los cielos y el infierno"
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